Cuando el disparo de un asesino mató a Martin Luther King Jr. en Memphis en 1968, el símbolo de los derechos civiles estaba en la ciudad apoyando a los trabajadores negros del sector de saneamiento que estaban en huelga pidiendo salarios más altos y mejor trato.

«Si no me detengo para ayudar a los trabajadores del sector de saneamiento, ¿qué les pasará?» dijo King, en un llamamiento a los ciudadanos para que apoyaran a los trabajadores, en el que sería su último discurso (en inglés). «Esa es la cuestión». Históricamente, el movimiento obrero organizado ha sido una fuerza que contribuyó a la potenciación de los afroestadounidenses, pero el camino no fue siempre fácil o directo.

Durante finales del siglo XIX y principios del siglo XX, los afroestadounidenses enfrentaron discriminación y segregación dentro de los sindicatos. En respuesta, empezaron los suyos propios, mientras continuaban intentando pertenecer a los principales sindicatos laborales.

«La participación en sindicatos laborales fue importante como campo de entrenamiento para el liderazgo negro» dijo Steven Pitts, un experto en asuntos laborales de la Universidad de California, Berkeley. «Encontrará en varias ocasiones, en todo el país, a personas negras que eran líderes de sindicatos laborales y también líderes de la comunidad».

Durante décadas, los afroestadounidenses han logrado derechos por medio de los sindicatos laborales. (© AP Images)

A. Philip Randolph fue uno de estos líderes. En 1925, Randolph fundó la Hermandad de Porteros de Camarotes, uno de los más influyentes sindicatos laborales predominantemente afroestadounidense. (La situación económica de los porteadores en sus comunidades y las dificultades con sus jefes sobre la adhesión a un sindicato laboral son temas centrales en una obra de teatro reciente titulada Pullman Porter BluesLa triste historia de los porteadores de Pullman’).

«Bien parecido, alto, de estatura y porte imponentes y poseedor de una voz magnífica para hablar en público», Randolph probó ser un hábil estratega político. Al organizar el Movimiento de la Marcha en Washington en 1941 y una marcha de posiblemente 100.000 personas en Washington, Randloph persuadió al presidente Franklin D. Roosevelt a terminar con la segregación en las industrias de defensa.

Años más tarde, otro líder sindical afroestadounidense, Edgar Nixon de la rama de Alabama de la Hermandad de Porteadores de Cochecama, desempeñó un papel fundamental en la organización del boicot de autobuses de Montgomery de 1955.

Pitts observó que los afroestadounidenses se unían a los sindicatos laborales en los que había personas de distintas razas, esas organizaciones se convirtieron en las que más probablemente ejercían presión en cuestiones de derechos civiles. Algunos sindicatos laborales no segregados muy poderosos apoyaron los esfuerzos de Edgar Nixon para poner fin a la segregación en Montgomery y más.

«El apoyo financiero del sindicato de trabajadores del sector automotriz [UAW – United Auto Workers] y otros sindicatos de la Conferencia de Liderazgo Cristiano del Sur (SCLC) fue importante en el apoyo a los esfuerzos en el sur», dijeron Pitts.

La afiliación sindical sigue ayudando a los afroestadounidenses a mejorar sus medios de vida. Un estudio concluye que los miembros de sindicatos negros y afroestadounidenses ganan un 32 por ciento más que sus contrapartes no sindicales. Y los trabajadores afroestadounidenses pertenecen hoy a los sindicatos a un ritmo mayor que el de cualquier otra raza o grupo étnico.

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