Alrededor de nueve millones de personas poseen una “tarjeta verde” (green card) que les permite residir permanentemente en Estados Unidos; todos ellos pueden convertirse en ciudadanos estadounidenses. El presidente Obama los anima a que lo hagan.

Todos los nuevos ciudadanos, independientemente de sus orígenes étnicos o raciales, de su nivel de ingresos o de la permanencia de sus familias en Estados Unidos, gozan de todos los derechos y las libertades, de los privilegios y de las responsabilidades de sus conciudadanos. Esto quiere decir que el derecho al voto, el derecho a la libertad de expresión y el derecho más  fundamental a “la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad”, tal y como indica la Declaración de la Independencia de Estados Unidos.

Los nuevos ciudadanos son piezas clave de la vitalidad social continua de Estados Unidos, así como de su crecimiento económico. Al 30 de septiembre de 2014 Estados Unidos contaba con más de 650.000 nuevos ciudadanos recién naturalizados. Tal vez uno de ellos llegue a ser secretario de Estado, como Henry Kissinger (oriundo de Alemania) o Madeleine Albright (anteriormente ciudadana de Checoslovaquia).

Para Abraham Lincoln, la ciudadanía estadounidense estaba basada en los principios consagrados en la Declaración de Independencia, no en la identidad étnica o religiosa. (La Casa Blanca)

La creciente diversidad de Estados Unidos es motivo de orgullo. En una época, la mayoría de los nuevos ciudadanos provenían del norte u oeste de Europa. Hoy, más de cuatro millones de hispanos son elegibles para la ciudadanía, así como 1,4 millones de posibles ciudadanos son de ascendencia asiática o de origen en las islas del Pacífico.

Los estadounidenses reciben de buen grado a nuevos ciudadanos de todos los rincones del mundo ya que la ciudadanía de Estados Unidos no es una cuestión de raza, credo o riqueza. Cuando el Congreso estableció en 1790 la primera norma nacional para la ciudadanía naturalizada, no se solicitó ninguna evaluación étnica ni religiosa, ninguna evaluación de alfabetización, ni se solicitaba poseer ningún tipo de propiedad.

Esto continua siendo así.

El 17 de septiembre, el funcionario que presidía la ceremonia de juramentación de un grupo de nuevos estadounidenses dijo simplemente: “esta mañana, cuando entraron a este salón, eran ciudadanos de China, México, Iraq y Etiopía, pero ahora son ciudadanos de otro país, Estados Unidos. Bienvenidos a nuestra familia”.