De tejedora de alfombras a directora general

Mujeres en torno a una computadora portátil (Foto cedida por Anuradha Sengupta)
(Foto cedida por Anuradha Sengupta)

Masooma Habibi tejía alfombras. Ahora encabeza una compañía de ingeniería eléctrica. Andeisha Farid creció en campos de refugiados. Hoy su grupo sin fines de lucro educa a niños huérfanos y refugiados. Relatos como estos pueden ser la clave para estabilizar Afganistán y mejorar su economía.

Ahí es donde entra en juego el Proyecto Artemis . Gestionado por una escuela internacional de negocios con sede en Arizona, el programa refina la habilidad empresarial de las mujeres afganas empresarias. “Las mujeres afganas pueden hacer negocios, pueden viajar solas, caminar junto a todos y hacer oír su voz”, dice Geeti Aryanpur, exalumna de Artemis, que tiene un trabajo a tiempo completo, estudia medicina y también maneja un pequeño negocio.

Las participantes completan dos semanas de estudio en el campus, luego regresan a su casa para fundar o ampliar sus empresas. Los asesores del programa ofrecen dos años adicionales de asesoría y apoyo. Las graduadas del Proyecto Artemis manejan una diversidad de negocios que, entre otras cosas, tejen lanas y seda, producen azafrán y administran modernas tiendas de modas.

Las participantes en el Proyecto Artemis se preparan para enfrentar el desafío de los negocios. (© AP Images)

Otros programas, como 10.000 Women, que tiene apoyo del Departamento de Estado de Estados Unidos, asesoran de manera similar a las mujeres de Afganistán y de otros países y ayudan en el campo de la formación empresarial, el establecimiento de redes de contacto y el acceso al capital.

Los expertos informan de un efecto multiplicador, dado que la mujer es proclive a ser tutora de otras mujeres.

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