El cambio climático pone en peligro tradiciones y medios de subsistencia

Vista aérea de un poblado, nieve y montañas (Foto cedida por Comando Médico 807/Wikimedia Commons)
Anaktuvuk Pass, Alaska (Foto cedida)

Whit Sheard escuchó la voz de alarma sobre el cambio climático en su cabeza cuando se encontraba visitando pueblos indígenas de Alaska. Vio casas que se deslizaban hacia el mar y cementerios antiguos expuestos por la erosión costera y los suelos en deshielo.

“Dejó un impacto muy profundo en mí”, recordó.

El punto sin retorno en Shishmaref, Alaska (© AP Images)

Sheard, director del Programa Ártico Internacional en el grupo “Ocean Conservancy”, una organización no gubernamental, dice que las personas en todo el Ártico se enfrentan ahora a condiciones climáticas extremas, temporadas de caza impredecibles, hielo inestable y otros efectos del calentamiento global.

Tradiciones bajo presión

El Ártico se está calentando a un ritmo de más del doble que cualquier otro lugar. A medida que el hielo y la nieve se derriten, los niveles del mar se elevan en tanto que la Tierra absorbe más luz solar y se calienta.

Para el Ártico y sus 4 millones de habitantes, el cambio climático no es tanto una amenaza futura como una realidad actual de erosión costera, inundaciones, incendios forestales, disminución de la pesca y cambio de rutas migratorias de la fauna silvestre.

¿A dónde iremos? (U.S. Geological Survey)

Nadie se ve más afectado que los pueblos indígenas, que representan alrededor del 10 por ciento de la población del Ártico. En Alaska, las inundaciones y la erosión afectan a más del 85 por ciento de las poblaciones indígenas. Algunas comunidades construyen diques o estructuras similares como protección temporal; para otros, la reubicación es la única opción.

Sin embargo, el traslado, incluso para un pequeño pueblo, es una tarea difícil que altera la vida y las tradiciones. Por eso, pocas comunidades optan por trasladarse, incluso si reciben apoyo financiero y técnico.

El cambio climático tiene un costo no sólo para la infraestructura física de las comunidades, sino también para las personas que las integran. Con una economía y una cultura arraigadas en el medioambiente del helado Ártico, sus medios de subsistencia, prácticas espirituales y tradiciones se erosionan también.

Cazadores inuit en mejores tiempos (1952) en Nunavut, Canadá (Doug Wilkinson/Wikimedia Commons)

Los hombres toman más riesgos y gastan más dinero, viajando más lejos que antes para pescar o cazar. Las mujeres no pueden obtener suficientes cueros o pieles para hacer sus trajes y artesanías tradicionales. Los niños pueden desconectarse de estos medios.

“Cuando nuestros hijos están conectados con su cultura, se construye una resistencia en ellos, el orgullo y el sentido de quienes son”, dijo Ethan Petticrew, guía de un campamento en el que los jóvenes exploran las tradiciones y artes aleutianas.

Además, el calentamiento del Ártico ha abierto las comunidades que alguna vez estuvieron aisladas a intereses comerciales, tales como la exploración de recursos naturales, el transporte y el turismo. El impulso comercial presenta oportunidades de desarrollo económico, así como amenazas para el medioambiente que ha sostenido a los pueblos indígenas desde hace miles de años.

Crear resistencia

Sin embargo, los indígenas no están congelados en el tiempo.

De hecho, han demostrado ser personas altamente adaptables que buscan maneras de lidiar con los cambios relativos al clima a la vez que mantienen su cultura. Con ayuda del gobierno, instituciones académicas y grupos no gubernamentales, las poblaciones indígenas han puesto en marcha una serie de proyectos de adaptación al clima y de resistencia para mitigar o contrarrestar los efectos del calentamiento global.

Entre ellos se incluyen (en inglés):

  • Desarrollar recomendaciones para los cazadores de morsa nativa, que a menudo no pueden alcanzar sus presas en Alaska y en Chukotka (Rusia).
  • Preservar el conocimiento de la cocina tradicional con la publicación de un libro en línea sobre comidas tradicionales en Alaska.
  • Enseñar a los jóvenes habilidades de supervivencia tradicionales en los territorios del norte de Canadá.
  • Usar posicionadores GPS para la navegación durante los viajes de caza y pesca.
  • Promover la construcción de techos tradicionales hechos de materiales modernos para tener edificios más sostenibles en las islas Faroe de Dinamarca.
  • Construcción de caminos resistentes al clima en la Laponia de Suecia y Finlandia.
  • Promover las lenguas sami a través de juegos en línea y redes sociales en Rusia.
En Tasiilaq, Groenlandia, los pobladores atraviesan aros (de hielo derritiéndose) para sobrevivir. (Foto cedida)

Los proyectos y programas como Kolarctic (en inglés) incluyen la participación de líderes, activistas, investigadores y participantes de varios países.

Sheard, que representa a un consorcio de grupos ambientalistas en el Consejo Ártico (en inglés) dijo que los gobiernos deben comprometerse de manera más sistemática para ayudar a las comunidades indígenas del Ártico. El Consejo es un foro intergubernamental que promueve la cooperación entre los estados árticos. Seis organizaciones indígenas que ocupan puestos en el Consejo participan con sus miembros en cuestiones fundamentales.

El secretario de Estado estadounidense, John Kerry, prometió hacer de la lucha contra el cambio climático la prioridad de los dos años de Estados Unidos en la presidencia del consejo.

En los últimos cuatro años, los ocho países que integran el Consejo: Estados Unidos, Canadá, Dinamarca, Finlandia, Islandia, Noruega, Rusia y Suecia; han elaborado acuerdos sobre operaciones coordinadas de búsqueda y rescate, así como sobre respuesta de emergencia para contención y limpieza en caso de un vertido de petróleo. Otros países participan en el trabajo del Consejo sin poder de voto.

Ejercicio de búsqueda y rescate de la Guardia Costera de Estados Unidos cerca de Oliktok Point, (Alaska) en julio. (Guardia Costera de Estados Unidos/Flickr)

Energía renovable contra el flagelo del hollín

Los asentamientos esparcidos por el Ártico se enfrentan a otro problema relacionado con el clima que puede abordarse con la participación de los gobiernos locales, las empresas y la tecnología.

Estas comunidades dependen del costoso combustible diésel para obtener energía, calefacción y transporte. La quema de este combustible produce un hollín conocido como carbono negro. El carbono negro no solo pone en peligro la salud pública, sino que también acelera el calentamiento climático. Por lo tanto, es fundamental que estas comunidades encuentren una solución de energía renovable.

Los trineos tirados por perros no producen gases de escape de diésel. (© AP Images)

El desarrollo de fuentes de energía renovables en climas hostiles presenta desafíos particulares, entre ellos el clima extremo y el hecho de que hay muy poca luz solar o apenas nada durante el invierno. Sin embargo, con técnicas y tecnologías de adaptación adecuadas, como sistemas de almacenaje de baterías, estos retos pueden superarse, según Klaus Dohring, presidente de la firma canadiense Green Sun Rising.

Con el apoyo del Estado, algunas poblaciones de Alaska han instalado sistemas híbridos que combinan la generación de energía solar o eólica con combustible diésel como opción secundaria. El pueblo de Igiugig, en Alaska, obtiene su energía de un dispositivo que genera electricidad a partir de la corriente de un río. Algunos proyectos de mayor envergadura también han tenido éxito. En la última década, la Asociación Eléctrica de Kodiak, que suministra electricidad a los 15.000 habitantes de la isla de Kodiak, se ha cambiado hacia la generación de energía hidráulica y solar.

Llevan una idea de energía eólica a sus propios pueblos. (© AP Images)

La colaboración internacional puede marcar una diferencia real en la lucha contra el cambio climático en el frente Ártico. Ya está sucediendo. Por ejemplo, la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos ha ayudado a una compañía de autobuses regional de Murmansk (Rusia), a cambiar su flota de combustible diésel por una de mayor eficiencia energética.

Sin embargo, los esfuerzos gubernamentales no tendrán éxito sin la iniciativa local, según Mary Wythe, alcaldesa de Homer (Alaska). La magnitud del proyecto local o de los recursos financieros no importa mucho, dijo. Wythe sabe por experiencia personal que “cuando se inicia algo, y se hace bien, otros están dispuestos a sumarse”.

En 2007 su ciudad desarrolló un plan para la adaptación al cambio climático, y desde entonces se ha convertido en un modelo de esfuerzo exitoso contra el cambio climático.