Estudiantes universitarios construyen un brazo ortopédico para una joven violinista

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Abdul Gouda y sus compañeros en la Universidad George Mason se sentían presionados. No solo su graduación depende de la finalización de su proyecto, sino las esperanzas de una niña de 10 años de edad dependían de su éxito.

Isabel Nicola Cabrera, que estudia quinto grado, quería tocar el violín, pero nació sin mano izquierda y con un antebrazo gravemente reducido. Su maestro de música en la escuela elemental Island Creek en el condado de Fairfax (Virginia), le había construido una prótesis que le permitía mover el arco con su brazo izquierdo y tocar las cuerdas con su derecha, al contrario de cómo se suele enseñar a tocar el violín; pero la prótesis era pesada, y pensó que podría haber una mejor opción. Contactó a la universidad donde estudió, su “alma mater”, la cercana Universidad George Mason, o “Mason”, como los lugareños la conocen.

Así sucedió, Gouda y sus cuatro compañeros de equipo en el departamento de bioingeniería de Mason estaban buscando un proyecto para el último curso.

Sin embargo, Gouda admite que al principio tuvo algunas dudas.

“Es mucha presión”, dijo. “Tienes a esta jovencita que cuenta contigo, y se espera que lo logres”.

El equipo: Gouda, Mona Elkholy, Ella Novoselsky, Racha Salha y Yasser Alhindi, desarrolló diversos prototipos durante todo el año. Isabella se comunicaba fácilmente con el grupo y proporcionaba sus opiniones, especialmente sobre el peso. El equipo reclutó a una profesora de música en Mason, Elizabeth Adams, para ayudar.

Partes de un brazo ortopédico rosado con mano que sostiene el arco de un violín (© AP Images)
Una mano ortopédica sostiene el arco de un violín sobre una mesa en la Escuela de Ingeniería de la Universidad George Mason, esperando a Isabella. (© AP Images)

Música de corazón

Isabella tenía su corazón puesto en tocar música cuando la escuela comenzó a ofrecer clases de cuerdas en cuarto grado.

“Nunca le he dicho que no”, dijo su madre, Andrea Cabrera. “Le dije que lo intentaríamos. No había ninguna garantía de que la escuela pudiera hacer una adaptación, a través de estos pequeños milagros, siguió adelante”.

Isabella nunca tuvo ninguna duda: “Me di cuenta de que sería capaz de tocar. Siempre he tenido perseverancia”, dijo.

El 20 de abril, Isabella recibió su prótesis final de los estudiantes universitarios. Construida con una impresora tridimensional, es de color rosa fuerte (petición de Isabella) con el nombre “Anexo de Isabella”, estampado en el antebrazo. Tocó algunas escalas mientras hacía ajustes para que encajara, e incluso algunas líneas del Himno a la Alegría de Beethoven.

“Oh Dios mío, es mucho mejor”, dijo Isabella mientras probaba la nueva prótesis de peso más ligero.

Y el equipo tuvo una sorpresa para ella: un accesorio para encajar en la prótesis diseñado para permitirle agarrar un manillar y montar en bicicleta. “Me siento muy bendecida de tener este increíble grupo de personas”, dijo Isabella.

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