Este artículo fue redactado para ShareAmerica por Elizabeth Alexander, poeta y directora del Departamento de Estudios Afroestadounidenses de la Universidad de Yale

Durante cientos de años, los estadounidenses han tomado las calles para proclamar: “En esto creemos y se nos escuchará”. La vía pública como lugar de expresión colectiva fuera de las tres ramas del gobierno constituye un aspecto integral de lo que significa ejercer la libertad de expresión y lo que significa mantenerse unidos. No necesitamos fingir que siempre estamos de acuerdo o felices con nuestros gobiernos, sino que es nuestra responsabilidad hacer preguntas.

Se calcula que fueron unos 250.000 los manifestantes congregados en el Monumento a Lincoln el 28 de agosto de 1963. (© AP Images)

La más emblemática de estas asambleas de estadounidenses fue la marcha en Washington de agosto de 1963. Imagina una de las movilizaciones más grandes a favor de los derechos humanos en la historia de Estados Unidos. Todas aquellas personas reunidas para decir, esencialmente, “queremos justicia para todas las personas”.

Martin Luther King Jr. era un magnífico, experimentado y dotado orador. Muchos estadounidenses pueden evocar con facilidad el tono de su voz, arrolladora y persuasivamente sonora. Todos recordamos la frase: “Tengo un sueño” pero existen otras partes de ese discurso que son de igual importancia, y que constituyen la esencia de una verdadera visión de progreso. “Siempre tendremos que conducir nuestra lucha en el plano alto de la dignidad y la disciplina”, afirmó. “No podemos permitir que nuestras protestas creativas degeneren en violencia física”.

Elizabeth Alexander lee su poema “Canción de alabanza para este día” con ocasión de la investidura como presidente de Barack Obama. (Foto cedida por Elizabeth Alexander)

Mis padres me llevaron a la marcha en un carrito de bebé. Me gustaría poder decir sinceramente que lo recuerdo con claridad, pero no es así. En cambio, sí sé que a medida que iba creciendo, este momento se transformó en la base de una reiterada historia familiar. Cada vez que recordaban la anécdota mis padres solían decir: “Uno nunca es demasiado joven para salir a marchar. Nunca se es demasiado joven para unirse por la causa de la libertad y el progreso”. Era algo de lo que estar orgullosos.

Al manifestarnos, de hecho declaramos nuestra unidad y un aspecto fundamental de nuestra condición de estadounidenses.