El locutor de radio  Alberto Chakussanga fue tiroteado en su casa en Angola, muriendo el día que su hijo menor nació en 2010. El presentador de noticias Abdiaziz Aden fue asesinado en 2011 en Somalia en un ataque suicida con bombas. La reportera Marie Colvin perdió un ojo a causa de la metralla en Sri Lanka, y luego la vida en un bombardeo ocurrido en Siria en 2012.

“El periodismo es una profesión que cada vez se hace más peligrosa”, dice Courtney Radsch, del Comité para la Protección de los Periodistas, luego que los videos de ISIL, mostrando la decapitación de reporteros, fueran difundidos por los medios sociales.

La organización alega que desde 1992 más de 1.000 periodistas han sido asesinados, la mayoría de los cuales cubría temas de política, guerra o corrupción. Y la mayor parte eran periodistas locales, que informaban sobre los problemas de sus propias calles.

Otros periodistas ven pasar sus vidas desde detrás de las rejas. Algunos son obligados a salir del país donde trabajan, lo que ocurrió con Radsch luego de que escribiera un artículo sobre seguridad pública en los Emiratos Árabes Unidos. Radsch afirma que por cada diez periodistas asesinados, apenas una muerte termina en un procesamiento judicial.

Niños agregan luces a marcas de tiza en el suelo (AP Images)
Niños en Manila conmemoran una masacre en la que perecieron 32 periodistas (AP Images)

Una percepción cambiante de los periodistas

El deseo de ser testigos desde hace mucho tiempo impulsa a los periodistas a estar en las primeras líneas. Pero cuando hace años con frecuencia eran considerados observadores imparciales con una libreta de notas, hoy puede que sean acusados de espías o combatientes enemigos y deben usar chalecos blindados para protegerse de las balas y los cuchillos.

Con Internet una persona puede diseminar información a una audiencia mundial en cuestión de segundos y las partes en conflicto ya no precisan de periodistas como portavoces. Internet permite que el periodismo ciudadano y la libre expresión crezcan.

¿Por qué entonces periodistas de todo el mundo siguen arriesgando sus vidas para publicar sus crónicas?

Aquí el porqué: Lisa Chedekel y Matthew Kauffman, del Hartford Courant, hicieron reportajes sobre el suicidio de los soldados estadounidenses, provocando así la creación de medidas legislativas y militares para resolver el tema de los problemas mentales.

Ruben Vives y Jeff Gottlieb, del diario Los Angeles Times, escribieron sobre los elevados salarios de los funcionarios gubernamentales en Bell, California, y ello produjo como resultado juicios por fraude y un cambio en el gobierno de la ciudad. El personal de Newsday cubrió los tiroteos, falsificación de registros y otras malas conductas de los oficiales de policía en Long Island, Nueva York, lo que produjo como resultado la convocatoria a un gran jurado, acusaciones contra un oficial y planes para una nueva política de fuerza letal.

Los periodistas denuncian la corrupción, cambian las leyes, reforman las prácticas empresariales y mejoran vidas.

Servicio funerario con imagen de James Foley (AP Images)
Servicio funerario en Irbil, Irak, en honor del periodista asesinado James Foley (AP Images)

El elemento humano

“A mí realmente me preocupa la gente sobre la cual estoy trabajando”, dice la fotógrafa de guerra Lynsey Addario, que ha documentado convulsiones en todo el mundo. En el proceso de fotografiar a soldados caídos, a víctimas de violaciones, niños desnutridos y refugiados aglomerados, fue secuestrada, le vendaron los ojos y estuvo amarrada durante seis días. Pero eso no la ha frenado en sus viajes con su cámara. “No se trata de mí, se trata de ellos”, asevera Addario.

En respuesta al asesinato del reportero James Foley, su madre, Diane Foley, escribió en Facebook: “Nunca nos hemos sentido más orgullosos de nuestro hijo Jim. El entregó su vida tratando de mostrar al mundo el sufrimiento del pueblo sirio”.

La historia queda escrita

Nombres grabados de periodistas asesinados (S. Ingber)
Nombres grabados de periodistas asesinados (S. Ingber)

En un museo de Washington los nombres de los periodistas caídos están grabados en cristal esmerilado que ocupa un espacio del piso al techo. Son nombres que datan desde la década de 1880 y representan a periodistas de todas las especialidades, medios y países.

“Entrar en este salón me recuerda la tremenda cantidad de gente que ha sacrificado sus vidas”, dice Gene Policinski, ejecutivo del museo de las noticias Newseum.

Recientemente un comité ha comenzado a elegir la nueva lista de nombres que serán grabados entre los periodistas que hasta el momento han muerto en 2014. La lista crece demasiado rápido. Algún día este salón tendrá que ser reacondicionado para acomodar los nuevos nombres.

¿Cómo puede uno abogar en favor de la prensa libre?

Hay que seguir las noticias sobre la libertad de prensa en el mundo y alentar a los amigos a que hagan lo mismo. Si uno es periodista ciudadano o profesional hay que aprovechar recursos tales como la guía de seguridad del Comité para la Protección de los Periodistas, los programas mundiales del Centro Internacional de Periodistas y el Programa del Departamento de Estado para periodistas que trae a Estados Unidos a jóvenes profesionales de todo el mundo. Aprender de Lila King, de CNN sobre el periodismo ciudadano, una manera al alcance de todos para llamar la atención sobre lo que está ocurriendo en la parte del mundo donde esté cada uno.