Millones reasentados: Nuevas vidas para los refugiados en Estados Unidos

Familia de refugiados cubanos en una sala de estar (Foto cedida por Jay Capers)
La familia Espinosa vino a Estados Unidos en calidad de refugiados y se estableció en Nueva York. (Foto cedida por Jay Capers)

“Dadme a vuestros seres cansados y pobres, a vuestras masas agolpadas deseando respirar con libertad”.
— Emma Lazarus, «El nuevo coloso” (The New Colossus), poema grabado en el pedestal de la Estatua de la Libertad.

Estas palabras han recibido a millones de nuevos estadounidenses que llegan de todos los rincones del mundo. Y hoy día continúan siendo ciertas.

Desde que el Congreso aprobara la Ley de Refugiados de 1980, Estados Unidos ha reasentado a casi 3 millones de víctimas de la violencia y la persecución. Esta cantidad es mayor de la que suman todos los otros países de reasentamiento conjuntamente.

Entre los beneficiarios se encuentran comunidades vietnamitas y lao hmong en California, iraquíes que han empezado nuevas vidas en Michigan y somalíes que llegaron a Minnesota y a Maine para forjar un nuevo destino.

También hay otros beneficiarios, los conciudadanos de los nuevos allegados cuyas comunidades se han enriquecido y cuyos horizontes se han ampliado gracias a los nuevos estadounidenses como el físico Albert Einstein, la exsecretaria de Estado Madeleine Albright, la activista de derechos Loung Ung y otros vecinos, compañeros de clase y de trabajo menos famosos.

Los candidatos al reasentamiento suelen ser referidos por la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados. Los solicitantes son entrevistados y examinados y de ser aprobada su solicitud, vienen a Estados Unidos a empezar nuevas vidas. En años recientes cada año se han reasentado alrededor de 70.000.

Las agencias de reasentamiento ayudan a los recién llegados a encontrar hogares, servicios educativos y empleo. Después de cinco años, un refugiado puede presentar su solicitud para obtener la ciudadanía estadounidense.

El presidente Obama ha destacado las responsabilidades mutuas de los recién llegados y sus vecinos estadounidenses, así como los beneficios que esto produce para todos. “Al centrarnos en la integración cívica, económica, y lingüística de los nuevos estadounidenses, podemos ayudar a inmigrantes y refugiados en Estados Unidos a contribuir plenamente a nuestra economía y a sus comunidades”.