Ilustración de una pluma con alas volando desde una mano (Depto. de Estado/Doug Thompson)
(Depto. de Estado/Doug Thompson)

Una democracia sólida alienta a una prensa libre, que mantenga bien informado al público, permita una diversidad de voces y exija responsabilidades a los líderes.

En torno nuestro hay muchas noticias – en Internet, la televisión y la radio y los diarios, que es fácil olvidar el importante papel que cumplen los reporteros.

En Estados Unidos la prensa algunas veces es calificada de ser el cuarto poder del gobierno. Aunque los poderes ejecutivo, legislativo y judicial son legalmente las únicas tres ramas del gobierno, la frase subraya el papel que los medios de información desempeñan en la vigilancia de las operaciones del gobierno y en exigir cuentas a sus líderes.

Una función importante de la prensa es informar: ayudar a los ciudadanos a comprender el frecuentemente complicado proceso de gobierno, y hacer que la gente esté al tanto de cómo les afectan las decisiones tomadas a los más altos niveles.

La prensa también permite expresar y escuchar puntos de vista diferentes a los de aquellos que están en el poder. Informar sobre las opiniones de los líderes de la oposición y publicar editoriales críticos al gobierno son actividades que permiten la diversidad de voces. A los líderes comprometidos con la democracia posiblemente no les guste que sus políticas sean criticadas públicamente, pero respetarán el derecho de la prensa a hacerlo.

La prensa sirve como un importante supervisor, frecuentemente denunciando la corrupción. Precisamente porque la prensa está fuera del gobierno esta puede informar al público cuando sus líderes no cumplen con las promesas que hicieron para ser elegidos.

Cuando los periodistas son amenazados, atacados, censurados o apresados ello constituye un ataque directo a la libertad de expresión de la sociedad.

Una democracia fuerte favorece una prensa libre. Un gobierno que se muestra a sí mismo en oposición a su prensa crea un clima en el que los periodistas pueden autocensurarse debido al temor, en lugar de, como lo dijo el exjuez del Tribunal Supremo William Brennan, debatir las cuestiones públicas «sin inhibiciones, con solidez y abiertamente”.