Ilustración de alguien cortando hilos de marioneta conectados a un globo terráqueo (Depto. de Estado/Doug Thompson)
(Depto. de Estado/Doug Thompson)

“Las naciones soberanas e independientes son el único vehículo donde la libertad ha sobrevivido, la democracia ha perdurado o la paz ha prosperado” dijo el presidente Trump en su discurso ante la Asamblea General de las Naciones Unidas (en inglés) en septiembre. “Y debemos proteger nuestra soberanía y nuestra preciada independencia por encima de todo”.

El respeto por los países soberanos siempre ha formado parte de la esencia de la democracia estadounidense y de las democracias de todo el mundo, pero es una idea que a menudo se malinterpreta.

¿Qué es la soberanía?

Según el académico del Instituto Hudson John Fonte, la soberanía “se reduce a dos palabras: ¿Quién manda?”, explica, “¿es la gente? ¿Es una potencia extranjera? Eso es lo que el presidente dice cuando habla de soberanía. Habla de que el pueblo gobierna, y cada nación se gobierna, a sí misma”.

En Estados Unidos, este concepto se remonta a la fundación de la nación. La Declaración de Independencia afirma que los gobiernos derivan poderes justos “del consentimiento de los gobernados”. En Estados Unidos, los votantes eligen a los líderes a quienes otorgan estos poderes. El pueblo también puede quitarles esa autoridad.

El presidente Abraham Lincoln llamaba a esto el “gobierno del pueblo, por el pueblo, y para el pueblo”.

Según dijo recientemente en el Fondo “German Marshall” el secretario de Estado de Estados Unidos Mike Pompeo, si bien las naciones pueden unirse a organizaciones internacionales para abordar objetivos comunes, no hay nada que pueda reemplazar a la nación-estado como el garante de las libertades democráticas e intereses nacionales. Las cuestiones de soberanía surgen si esas organizaciones usurpan los poderes de los países que se autogobiernan. La Corte Penal Internacional, por ejemplo, ha intentado hacer valer su jurisdicción sobre los ciudadanos de estados que nunca han aceptado el estatuto de la Corte. Esta es una de las razones por las que el presidente Trump dijo ante la ONU: “Nunca cederemos la soberanía de Estados Unidos a una burocracia global no elegida democráticamente e irresponsable”.

Mike Pompeo tras un atril flanqueado por banderas estadounidenses (Depto. de Estado)
El secretario de Estado Mike Pompeo habla en el Fondo Marshall Alemán de Estados Unidos en Bruselas el 4 de diciembre. (Depto. de Estado)

Theodore Bromund, miembro de la Fundación Heritage en Washington, piensa que la pregunta es: “¿Controlan los estados la organización o controla la organización a los estados?”

En sus comentarios en el Fondo “German Marshall”, Pompeo hizo un llamamiento a los países soberanos para crear organizaciones internacionales que sean ágiles, respeten la soberanía nacional, lleven a cabo las misiones que se plantean realizar y creen un valor para el orden liberal y para el mundo.

¿Lleva la soberanía a un nacionalismo agresivo?

Para algunos, las grandes guerras del siglo XX dieron mala fama a la soberanía. Los europeos en particular después de la Segunda Guerra Mundial, según Fonte, la equiparan con una forma agresiva de nacionalismo. “Dijeron: ‘Estas guerras; la Primera y la Segunda Guerra Mundial, fueron iniciadas por nacionalistas’. Bueno, fueron iniciadas por dictadores, por regímenes totalitarios”. Pero esto, argumenta Fonte, no tiene en cuenta las contribuciones positivas del nacionalismo y de los estados soberanos.

Lejos de ser una fuerza de agresión, la soberanía ha sido históricamente “una forma de promover la paz estableciendo límites”, argumentó el profesor Jeremy Rabkin en su libro The Case for Sovereignty (El caso de la soberanía). “Un gobierno que quería vivir en paz con sus vecinos tenía que respetar sus derechos soberanos” y ejercer su propia autoridad “en formas que lo hicieran un vecino tolerable”.

Fonte comentó que, en el siglo pasado, “los nacionalistas eran básicamente personas consideradas patriotas: Winston Churchill en Gran Bretaña, pero también Gandhi, que se oponía a Churchill, en la India. Ambos fueron llamados nacionalistas porque para ellos sus propios países estaban en primer lugar”.

Según Fonte, estos venerados líderes y otros como Charles de Gaulle, Franklin Roosevelt y Margaret Thatcher eran considerados nacionalistas democráticos, un término que a menudo se usa indistintamente como “patriotas”.

Fonte señala la respuesta del presidente (en inglés) cuando se le pregunta si Trump era nacionalista. “Dijo: ‘Amo al país y lo pongo en primer lugar’. La definición que dio es la misma que la de patriotismo”.

El presidente Trump tras un atril habla ante un grupo (© Anthony Wallace/AP Images)
Cuando habló en un evento de cooperación económica en Asia y el Pacífico en 2017, el presidente Trump prometió “Respetaremos su independencia y su soberanía”. (© Anthony Wallace/AP Images)

¿Es la soberanía lo mismo que es aislacionismo?

El autogobierno independiente no significa aislacionismo o alejarse de tareas importantes que se llevan a cabo con otros países.

La administración de Trump ha trabajado de manera consistente con socios comerciales tales como México, Canadá y países de África para crear relaciones económicas que sean libres, justas y recíprocas.

Estados Unidos también se ha asociado con países de todo el mundo para incrementar la seguridad mundial perturbando complots terroristas y emprendiendo acción directa contra redes de terrorismo. Estados Unidos hace contribuciones importantes a la OTAN y anima a sus socios soberanos a aumentar sus contribuciones a la alianza.

Aunque Estados Unidos continuará trabajando con otros países para que cumplan sus objetivos, ese trabajo se llevará a cabo entre estados soberanos de manera segura dentro de sus propias fronteras. “La idea de que tener una valla significa que nunca deseemos hablar con el vecino es ridícula”, dijo Bromund.

“Creemos que cuando las naciones respetan los derechos de sus vecinos y defienden los intereses de su pueblo, pueden trabajar mejor para garantizar las bendiciones de seguridad, prosperidad y paz”, dijo el presidente.