Amor es amor: Cómo llegó a ser un derecho en Estados Unidos el matrimonio entre personas del mismo sexo

La solidaridad de los estadounidenses con las víctimas de la reciente masacre en Orlando (Florida) refleja un creciente apoyo a los ciudadanos LGBTI (lesbianas, gais, bisexuales, transexuales e intersexuales) de la nación.

La decisión de 2015 del Tribunal Supremo de Estados Unidos que garantiza el derecho a nivel nacional al matrimonio entre personas del mismo sexo, marca un importante hito en el camino hacia la igualdad de derechos para las personas LGBTI. El fallo se dio tras muchos años de activismo por parte de individuos, organizaciones y legisladores cuyo trabajo cambió sentimientos, mentalidades y, con el tiempo, la legislación.

Las encuestas de opinión pública notan una creciente aceptación durante la última década de los derechos LGBTI (en inglés) entre los estadounidenses, en particular del matrimonio entre personas del mismo sexo.

El presidente Obama ha elogiado “el coraje de millones de personas que por décadas han defendido, que han expresado su identidad”, y que “se mantuvieron firmes y llegaron a creer en sí mismas y en quienes eran y que lentamente hicieron que un país entero comprendiera que amor es amor”.

El cambio llegó, pero no de la noche a la mañana

En 2004, Massachusetts se convirtió en el primer estado en legalizar el matrimonio entre personas del mismo sexo. Otros 37 estados y la capital de la nación, la ciudad de Washington, lo legalizaron también. La decisión del Tribunal Supremo garantiza que los matrimonios realizados en cualquier estado del país sean actualmente considerados matrimonios legales. Las parejas gais reciben los mismos beneficios federales que las parejas heterosexuales y tienen derecho a protección bajo la ley.

Multitud ondea banderas estadounidenses y LGBTI frente a un gran edificio (© AP Images)
Celebración frente al Tribunal Supremo de Estados Unidos en Washington después de que el Tribunal declarase legal el matrimonio entre personas del mismo sexo. (© AP Images)

Sin embargo hace un siglo una amplia aceptación de los derechos LGBTI era impensable. La primera organización de derechos gay en Estados Unidos, la Sociedad para los Derechos Humanos (Society for Human Rights), no se formó sino hasta 1924 y un año después fue clausurada debido a las presiones políticas. Las leyes que prohibían la actividad homosexual fueron rechazadas gradualmente, comenzando con el estado de Illinois en 1962. La Asociación Americana de Psiquiatría consideró a la homosexualidad como una enfermedad mental hasta 1973.

El primer cambio importante ocurrió en junio de 1969 con la incursión policial contra un bar gay de Nueva York, llamado Stonewall Inn, causando disturbios. Cientos de manifestantes se reunieron, inspirando a grupos de activistas. Cada mes de junio los disturbios de Stonewall se conmemoran con desfiles del orgullo gay en ciudades que van desde Nueva York hasta Viena y Shanghái.

Actualmente cientos de organizaciones estadounidenses de activistas luchan por leyes y políticas que apoyen a la comunidad LGBTI. Hay activistas que ayudan a jóvenes sin hogar, de los cuales un 40 por ciento se identifica como LGBT, y hay activistas que apoyan a las familias LGBTI para que reciban los mismos derechos de inmigración que otras familias y para que los refugiados LGBTI que huyen de la persecución encuentren asilo en Estados Unidos.

Apoyo externo a la comunidad LGBTI

El movimiento goza de un creciente apoyo de miembros familiares y “aliados” heterosexuales que defienden los derechos de sus amigos y seres queridos LGBTI. La organización familiar PFLAG, la organización de familiares y aliados más grande de la nación, ha defendido la causa desde hace más de cuatro décadas.

“Ser aliado puede ser algo tan simple como decir ‘el chiste que me acabas de contar sobre un gay no es cómico’”, dijo el rabino David M. Horowitz, expresidente del consejo nacional de PFLAG. Dentro de su tarea de apoyo, los miembros de la organización se comunican con representantes del gobierno para impulsar cambios tales como leyes que eviten los crímenes motivados por el odio.

Dos mujeres de pie en una multitud cada una con un brazo alrededor de la otra y sosteniendo una bandera con los colores del arco iris. (© AP Images)
Emociones fuertes en Indianápolis tras la decisión de 2015 del Tribunal Supremo. (© AP Images)

“Cuando hablamos con miembros del Congreso, logramos que cambien de parecer”, dijo Horowitz, cuya hija se identificó como lesbiana la noche antes de su graduación universitaria. El venir de un lugar con amor y familia ayuda a los miembros de PFLAG a influir en los líderes. “Es muy difícil estar enojado con una persona que ama a un hijo o hija de uno”, dice Horowitz.

La organización Campaña de Derechos Humanos (Human Rights Campaign, en inglés) tiene un largo antecedente. A partir de 1980 más de un millón y medio de miembros han encabezado campañas para eliminar la prohibición del matrimonio entre personas del mismo sexo y la inmigración de personas seropositivas con VIH. En 2013 la campaña acogió a sus dos primeros miembros internacionales y jóvenes activistas provenientes de fuera de Estados Unidos y que sirven como “ojos y oídos” en las comunidades de las que provienen.

Valores familiares

En un profético ensayo publicado en la revista New Republic en 1989, el escritor y bloguero conservador Andrew Sullivan pidió la igualdad en el matrimonio para las personas LGBT. Sullivan argumentó que legalizar el matrimonio gay “favorecería la cohesión social, la seguridad emocional y la prudencia económica. Para decirlo brevemente, no es el rechazo a los valores familiares. Es una ampliación de esos derechos”.

“Me complace mucho ver los avances que hemos logrado”, dijo Seth Adam, de GLAAD, una organización que vigila las representaciones LGBT en los medios informativos. “Este ha sido el resultado de más de 50 años del trabajo de los activistas”.

“La igualdad matrimonial es un hito, no es la línea de llegada”, agregó.

Este artículo fue escrito por la redactora independiente Sharon Jacobs con la contribución de los redactores de planta Stephen Kaufman, Kathryn McConnell, Mark Trainer y Lea Terhune.